Abrazada a una duda

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Dos días en la vida nunca vienen nada mal. Por fin el hecho de que las cosas se acomodan, en la medida que el tiempo empieza a ser un preciso. De verdad la vida se parece a esos juegos en el que hay que encajar cada pieza en su lugar. La vida, ese rompecabezas de quinientas piezas desplegado en medio de una mesa con tres patas. Quizás, solo ha sido la manera de ver las cosas, el sentimiento atravesado en medio del pecho, la sensación de injusticia, la cara del desatino. Quizás todo solo fue un mal sueño.
En el medio del abismo existe la salida del olvido, de la resignación, del hecho de que se hizo todo pero no se pudo. Y justo, en ese bendito momento en donde las manos deciden rendirse. En donde todo se vuelve en desnivel, en donde no se encuentra la salida. Justo en el momento en donde hay un charco de barro que nos cubre hasta el fondo del alma. La sinceridad, el ímpetu, la dicha, y el amor encuentran su lugar en mi mundo. Exagero, tal vez, quizás, solo me gusten los finales felices.