Lo esencial es invisible a los ojos

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Felicidad. Como y cuando uno adquiere esa palabra, porque esa palabra es tan importante en nuestra vida. Será que de verdad existe o es una meta inalcanzable que a algún loco se le ocurrió inventar. Yo creo en los días, en los buenos y en los malos. No creo que uno siempre pueda ser feliz, pero intento serlo la mayoría del tiempo. Sino el sentido de nuestra vida sería totalmente patético y hasta incluso inútil. Tal vez no habría que preocuparse por ser felices. La felicidad nos encuentra, no nos pide que pensemos en ella en todo momento, o que pensemos como la podemos encontrar. Más bien es algo sencillo, un sentido de plenitud, de tranquilidad. Hacer las cosas que nos gustan no hace felices, aunque no sea una gran cosa. Mojarse un día de lluvia, o correr lo más rápido posible, esas cosas en cierto punto me hacen feliz. Porque me siento libre cuando las hago, tal vez son insignificantes pero siento que completan mi felicidad en cierto punto.
Estar arriba de un escenario me hace feliz. Es un desafío en donde te volves a encontrar con vos mismo, en donde de vos dependen miles de cosas pero a la vez no estás sola. O tenes a alguien al lado que te salva la escena, o tenes a aquellas personas que te acompañaron toda la vida abajo del escenario. Mirando tu trabajo y siempre con una sonrisa en la cara aunque lo que estés haciendo te salga mal, o te hayas equivocado. Estar con mi familia me hace feliz, las cenas en las que siempre nos reímos por algo, mis hermanas me hacen muy bien, ellas saben, que necesito, que espero y que siento. Ellas saben hacerme reír, enojar, bailar, cantar, jugar, ect. El tiempo libre, tocar la guitarra, dormir, leer algún buen libro, y el viento cuando me sopla en la cara, esas son las pequeñas cosas que contribuyen a mi felicidad, o que tal vez sencillamente me gustan. Mis amigos, los ratos con ellos, sus consejos, gracias a ellos puedo ser alguien plena, sencilla, puedo reconocer lo que tengo malo, lo que tengo bueno. Puedo entender aunque no los entienda, puedo acompañarlos, quererlos y sentirme también querida. Los sueños, el futuro, saber que cuento con una vida que recién empieza, eso me hace feliz. Saber que voy a tener que pelearla, luchar, caminar, andar y todos los demás verbos que se me puedan ocurrir. Saber que tengo un camino y una meta. Saber que muchas veces voy a tener que volver a esta actitud, de amar la vida y esperar todo de ella. Saber que a pesar de que me cueste siempre voy a volver. Siempre vuelvo por más que me cueste mucho, siempre sueño y espero que las cosas vayan mejor. Pensar que hay vida más allá de la muerte, creer en algo me hace feliz. Creer que la gente que ya no está me cuida desde el cielo me hace bien. Y tal vez para algunos sea una idea descabellada pero para mí es el motor de la vida de cada uno. Pensar que nuestra vida es pasajera y que cuando se termina el tren hay algo más grande que nos espera. Nos esperan todas aquellas respuestas que ahora no podemos contestar, nos espera aquello que esperamos hace tanto tiempo. Nos espera eso que ahora es invisible pero esencial. Nos espera aquello que complete nuestra felicidad, por eso creo que nadie es completamente feliz hasta cuando muere porque ahí, solo en ese momento voy a saber que no viví en vano.